HISTORIAS VECINALES.

Hace cosa de un mes estaba visitando la página de Palito y encontré una propuesta del vei para escribir de manera conjunta varias historias.
Me gustó la idea y de inmediato le mandé un mail para que me apuntara en su proyecto.
Se lo que están pensando.... ¿Bueno, y eso que tiene de especial?.
Pues mis queridos amigos, lo especial de este caso es que los escritos podían ser en Catalán, Español o Francés.... Y de estos tres idiomas su humilde servidora solo medio maneja el Español.
Así las cosas y preparada para lo peor con SoftCatala (nunca se me ocurrió buscar un traductor Francés-Español), me dispuse a observar como se desarrollaba el asunto.
Se inscribieron 49 personas y el Vei organizó un sorteo y; para no hacerles el cuento largo me tocó el grupo E, junto a Duschgel, Antígona y Palito..... Y Duschgel decidió escribir la historia en Español (Por eso les digo que ¡Dios existe!).
Bueno, cada una tenia una semana para escribir su parte, el tema era libre, pero teníamos que relacionar como cosa secundaria en la historia unas velas, una botella de whisky, una mascara y un bote de cacao en polvo.
La primera escogía uno de estos elementos y empezaba la historia, la segunda escogía otro y la proseguía donde la primera se había quedado y así sucesivamente.
Solo la cuarta participante sabia el final y el Vei era quien lo publicaba conforme iba recibiendo los relatos.
A pesar del susto de no saber en que bendito idioma me iba a tocar la historia, me he divertido mucho participando.
A continuación les dejo el relato, espero que lo disfruten.
(¿Alguien se anima a adivinar cual es la parte que yo he escrito?).

Una noche sin luz
Hace dos semanas decidí llevarme el trabajo a casa. Algo que detesto, o quizás en realidad no, aunque sí evito hacerlo por aquello de desconectar el fin de semana. Pero habíamos tenido tal acumulación de faena en la oficina, que sólo imaginarme a mí misma en lunes tratando de sobreponerme a la montaña de atrasos tras haber mal dormido la noche anterior (las noches del domingo al lunes, de pura inquietud laboral, me vuelvo búho), pensé que la excepción estaba más que justificada. Así que el sábado por la noche, con un buen café al lado del teclado y una suave música de fondo, me dispuse con gran convencimiento a preparar informes.Cuando ya iba por la mitad del primero (y eso supone ir casi por la cuarta página si hago el promedio), se calló la música y la pantalla del ordenador quedó fulminada por un corte de luz. "¡Mierda! ¡Ahora no sé si había guardado el documento!" Me dirigí a la cocina a tientas, con las letras y la luz de la pantalla aún bailando en la retina, para buscar un par de velas que me aclararan el camino hasta la caja de fusibles. Empecé a sentir ya cierto disgusto cuando vi que todos estaban en su sitio. "Pero si no ha habido tormenta ni nada... ¡Ahora vete tú a saber cuándo volveremos a tener luz!". Estaba claro que el siguiente paso era salir a la escalera, a ver si algún vecino sabía qué estaba ocurriendo.
La oscuridad del rellano era total. Gracias a las velas pude localizar el interruptor, pero aunque lo presioné repetidas veces la luz de la escalera no se encendió. El apagón había debido de afectar a todo el edificio. Siempre he sido una persona tímida, hacía muy poco que me había mudado y no conocía ni tan siquiera a los vecinos de enfrente. Sin embargo, parada frente a su puerta, me pareció oír claramente ruido de voces y pasos al otro lado. Vacilé por un instante si tal vez no sería mejor regresar a mi casa y esperar pacientemente a que volviera la luz. Pero respiré hondo, me armé de valor y golpeé la madera con decisión, pensando que probablemente tampoco el timbre funcionaría.
Escuché cómo alguien acudía a mi llamada y a los pocos segundos se abrió la puerta. No pude evitar sobresaltarme y un ligero temblor me sacudió de pies a cabeza: en el umbral apareció una figura vestida con una larga túnica cuyo rostro quedaba totalmente cubierto por una máscara antigua de expresión adusta. La oscuridad que reinaba, sólo mitigada levemente por la luz de nuestras respectivas velas, daba a la figura un aspecto en extremo inquietante. Asustada, traté de escudriñar los ojos que brillaban a través de las cuencas vacías y finalmente conseguí balbucear: “Ehhh... hola, es que.... se ha ido la luz en mi casa y quería saber si... bueno, si vosotros tampoco teníais luz, aunque ya veo que no.”
Tras unos instantes de incómodo silencio, la extraña figura dijo con voz escalofriante: “No es la falta de luz lo que te ha traído hasta mi puerta”.
—Ah, ¿no? —musité, francamente desconcertada.— ¿Entonces qué fue?
—El destino —agregó misteriosa, y haciéndose a un lado, con gesto teatral me invitó a entrar en el departamento.
Juro que en ese instante, todas las películas de terror que alguna vez vi en la vida desfilaron ante mis ojos; y la cínica vocecita que en ocasiones escucho dentro de mi cabeza, me advirtió que corriera de inmediato en dirección contraria a la de tan siniestra figura.
Así que respiré lenta y profundamente e hice lo que siempre hago cuando mi sabia voz interior me aconseja algo... Ignorarla.
“Es usted muy amable vecino”, le dije mientras entraba en el departamento. “La verdad es que solo quería preguntarle si esto de los apagones es algo frecuente que pase en el edif… “Calla”, me interrumpió al tiempo que ¡cerraba la puerta con llave!... y la voz en mi cabeza repetía una y otra vez: “Ahora sí, ya te moriste”.
Sin agregar nada más la figura enmascarada caminó hasta una mesita pegada a una de las paredes del departamento, depositó la vela que traía sobre ella, junto a una botella de whisky vacía, y me hizo señas para que me acercara.
“No vayas” gritó mi voz interna llena de pánico; “Por el amor de Dios, no te acerques”, me suplicaba aterrorizada…y yo, por supuesto, fui.
Menos mal que de vez en cuando mi voz interior se equivoca... Pero no fue así en esta ocasión. Seguí a la figura enmascarada hasta la cocina, donde me encontré con un niño rubio de unos cinco años sentado en la mesa de la cocina, cubierta con un hule grasiento (dato que certifico porque di un traspié y me apoyé en él y casi me quedo pegada para siempre). El niño estaba tomándose un vaso de leche con cacao con galletas. Qué escena tan cotidiana si no fuera porque estábamos sin luz, y sin embargo yo veía claramente al niño y su entorno: el vaso de leche, las galletas maria, el bote de cacao en polvo que parecía extranjero (tenía letras chinas, o japonesas), un charquito de leche debajo del vaso y migas alrededor del niño, encima de su pecho, en las manos, en la cara…
Y le podía ver claramente porque, ¡mira tú por dónde!, había vuelto la luz y yo no me había dado cuenta. Qué tonta, pensé.
Me giré hacia el enmascarado para darle las gracias y salir de allí, porque ver al niño me estaba inquietando por momentos. El niño no se movía, pero hacía “ruiditos”…
Y en ese momento pasé a formar parte de ese piso. Ahora yo soy esa chica que está en el despacho entrando a mano derecha, enfrente de un montón de informes, y me han puesto de manera que parezca que estoy escribiendo. Pero en realidad estoy quieta. Y yo también hago “ruiditos”, porque sigo viva, y sigo queriendo escapar de esta pesadilla…


© Duschgel,
Antígona,
Gaby
Palito .

Comentarios

Rbk dijo…
Me guardo la historia para leerla mañana con tranquilidad,pero me hizo gracia que uses el softcatalà.Yo tb lo utilizo para traducir alguna palabreja de los documentos de las centrales de cataluña,lo q es difícil es encontrar un traductor de euskera, menos mal q no te tocó.
Palito dijo…
jejeje, yo no voy a participar porque lo sé, jajajaja!!
besotes
gaby dijo…
Rbk:¡Menos mal! ;)

Palito: Gracias por la visita chica.
- YOGUR - dijo…
Por fin lo he leído (Que ando atareado esta semana) y me ha gustado mucho. Ya sabes que me encanta escribir y me fijo mucho en las frases que se utilizan y en cómo se describen las cosas y, la verdad es que no se aprecia la diferencia entre lo que ha escrito cada uno de forma que no sabría diferenciar. Lo de no hacer caso a la voz interna me ha hecho mucha gracia y quizás en eso vea una forma de escribir más humorística con lo que puede na parte del texto escrita por una persona que no es la que escribe el comienzo de la historia. La parte final es como más misteriosa. es que me gusta indagar en estas cosas jejeje

Buen trabajo! ;p
gaby dijo…
Gracias Yogur por tomarte el tiempo para leerlo... Lo de la voz interna es lo mio. :)

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